Project Description

Franja roja y negra, 2016

Vídeo monocanal, 19 min, 15 seg.

Pintura al temple. Ancho de la franja: 12 cm. Largo de la franja: medidas variables.

Ed. 3 + 2 P. A.

 

Desde noviembre de 1936 hasta octubre de 1937 la ciudad de València fue en plena Guerra Civil la capital de la Segunda República. Durante aquel período se creó el Instituto Obrero, un primer modelo de experimento pedagógico que pretendía implantarse posteriormente en otros lugares de España. Hasta entonces las clases populares no tenían acceso a estudiar el bachillerato.

En febrero de 1937, al poco de inaugurarse el Instituto, el fotógrafo Walter Reuter hizo un reportaje para su difusión y propaganda. En una de las fotos se ve a varios alumnos atendiendo en un aula y un par de carteles alusivos a la revolución mexicana colgados de las paredes. También aparece, aunque no se ve a primera vista, una franja roja y negra. Teniendo en cuenta que el Instituto era un espacio donde convivían distintas tendencias políticas, es más que probable que la franja fuera pintada por alumnos anarquistas de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo).

Tras visitar el edificio que albergaba el Instituto para Obreros y localizar el aula que aparece en la fotografía, se intentó encontrar la franja mediante un proceso de rascado de las paredes. Para ello, se contó con la ayuda de dos restauradores que realizaron varias catas para descubrir las capas de pintura superpuesta. Una vez analizadas todas las catas, no se encontraron restos de la franja. Según dictamen de los técnicos la pintura al temple, habitual en aquella época, se caracteriza por su poca calidad y mala adherencia. De hecho, después de la Guerra Civil una vez recuperado el edificio por los jesuitas, sus antiguos propietarios, se eliminó escrupulosamente cualquier rastro político y pedagógico que pudiera recordar cualquier atisbo de aquel proyecto emancipador. De hecho este borrado de la historia fue tan eficaz que se mantuvo hasta bien entrados los años ochenta.

Franja roja y negra consiste en una instalación compuesta por un vídeo que muestra la búsqueda de la franja rojinegra por parte de los restauradores y la reproducción de una franja roja y negra pintada al temple sobre las paredes. La longitud de la franja y su ubicación es variable porque se adapta al espacio donde se expone. Los colores cenetistas se manifiestan como un acto imposible de “reterritorialización” política de una institución (en este caso el museo) en una época como la nuestra en la que prácticamente nadie reivindica la figura del proletario ni tampoco su emancipación. Por esta razón, los colores de la franja quedan como un simple gesto estético alejado de los signos o marcas que trazaron los anarquistas durante la guerra.